MONASTERIOS FEMENINOS DE SANTIAGO DE CHILE

La conquista del Nuevo Mundo por parte de la Corona Española, no sólo se consolidó por el despliegue armado de las huestes indianas y la rápida fundación de ciudades, sino también, por la difusión de la Iglesia Católica que significó la labor misionera de las órdenes mendicantes masculinas y la constitución de monasterios femeninos contemplativos. Con el tiempo, estos últimos se transformaron en importantes centros de vida espiritual, social, cultural y económica para las ciudades del mundo colonial hispanoamericano; caracterizándose por la gran cantidad de personas que albergaban y por haber mantenido profundos vínculos con las distintas sociedades que rodeaban los muros conventuales. 

En el caso de Chile, Santiago destacó por la cantidad y diversidad de monasterios femeninos que se fundaron durante la época colonial. Hacia 1800, esta ciudad contaba con siete claustros: dos clarianos, dos carmelitas, uno agustino, uno capuchino y otro dominico.   

La historiografía chilena que ha estudiado el arte culinario de nuestro país, ha postulado que el contingente más valioso que impulsó el desarrollo de la repostería en los siglos XVII y XVIII, fue justamente la llamada “mano de monja”. Prueba de esto no son solo las crónicas que fueron escritas en el siglo XX acerca de las instituciones monásticas, particularmente de los claustros de Santiago, sino que también, los documentos contenidos en cada uno de los archivos conventuales que se conservan actualmente. 

En su mayoría, las monjas elaboraban distintos tipos de dulces para agasajar a las autoridades y a los bienhechores del convento, así como también, para el disfrute de la propia comunidad intramuros, especialmente en los periodos de fiesta, como por ejemplo, en Pascua de Resurrección, en Navidad, en las celebraciones de la Santísima Trinidad, de la «O», de San Francisco y de Santa Clara. 

Como la producción era frecuente, las religiosas requerían de la colaboración de las criadas, aquellas mujeres descendientes de indígenas y africanos que ingresaban a los monasterios a través de distintos mecanismos jurídicos, sociales y económicos. Al igual que otros productos fabricados por las monjas de clausura, como sucedió con la cerámica perfumada en el caso de las Clarisas de Antigua Fundación; la dulcería desarrollada por estas comunidades fue resultado de un trabajo colaborativo entre las profesas y las seglares que vivían tras los muros de la clausura. De este modo se explica el carácter mestizo de estos «dulces agasajos» del gusto y el paladar.  

A continuación, se presenta el listado de los monasterios femeninos constituidos en la ciudad de Santiago durante la época colonial chilena. Aunque han modificado sus lugares originales de emplazamiento, la mayoría se mantiene vigente junto a sus prácticas espirituales, sociales y laborales, entre ellas, la dulcería conventual. 

MONASTERIO ANTIGUO DE SANTA CLARA  

Fundado en la década de 1560 en la ciudad de Osorno y reinstalado en Santiago a principios del siglo XVII. Sus monjas iniciaron la evangelización y tradición de vida contemplativa en el Reino de Chile, agrupadas en principio como beaterio, bajo la advocación de Santa Isabel de Hungría y dirigidas por Isabel de Landa, Isabel de Palencia e Isabel de Jesús. Tras la rebelión indígena de fines del siglo XVI, estas religiosas emprendieron una azarosa travesía que las obligó a huir a Chiloé y luego a la Isla Quiriquina, para llegar más tarde a San Francisco del Monte en las cercanías de Talagante. Después de varios años de gestiones entre los franciscanos y la autoridades reales y locales, se reinstalaron en Santiago el año 1605, en los terrenos donde hoy se emplaza la Biblioteca Nacional, y profesaron allí la Regla de Urbano IV aprobada en Roma el año 1263. A principios del siglo XX se trasladaron nuevamente, primero hacia la calle Eusebio Lillo, en el actual barrio de Recoleta, y posteriormente hacia la comuna de Puente Alto. En razón de la falta de vocaciones y las condiciones en que quedó el edificio conventual tras el terremoto del 27F, el Monasterio Antiguo cerró definitivamente sus puertas en febrero de 2017. 

MONASTERIO DE AGUSTINAS DE LA LIMPIA CONCEPCIÓN

Fundado por el Cabildo de Santiago hacia 1574, situación reglada canónicamente por el obispo Diego de Medellín en septiembre de 1576. Durante los siglos XVII y XVIII, llegó a contar con siete claustros a lo largo de más de dos manzanas emplazadas en la actual calle agustinas, entre Bandera y Ahumada aproximadamente. Muy poblado, llegó a albergar hasta 600 mujeres entre monjas y seglares. La escritora y viajera inglesa, María Graham (1785-1842) consideró al convento como «uno de los más hermosos de Santiago». Hoy está ubicado en Avenida Vicuña Mackenna, en la comuna de Providencia.  

MONASTERIO DE CLARISAS DE NUESTRA SEÑORA DE LA VICTORIA

Fue fundado en 1678 en la esquina nororiente de la Plaza de Armas. Su construcción fue posible gracias a la donación realizada por Alonso del Campo Lantadilla, alguacil mayor de la ciudad de Santiago. También influyó en su constitución, el conflicto suscitado entre los padres franciscanos y las clarisas de la Cañada, a raíz de la jurisdicción eclesiástica. De esta orden religiosa proviene la Relación autobiográfica escrita por Úrsula Suárez (1666-1749). Actualmente está ubicado en la comuna de La Florida.

MONASTERIO DEL CARMEN DE SAN JOSÉ

También llamado Carmen Alto, fue fundado en Santiago en 1690 con monjas traídas del convento de Chuquisaca (hoy Sucre, Bolivia) en casas donadas por el capitán Francisco Bardesi y su mujer Bernabela de Hermúa. Su constitución se explica por la necesidad de contar en el Reino de Chile con un monasterio carmelita como defensa ante los corsarios —portadores de la herejía— luego de las incursiones de Bartolomé Sharp en la ciudad de La Serena. También fueron fundamentales en su erección, las gestiones realizadas por Juan de la Concepción, religioso de antigua observancia. Establecidas en la Cañada, constituían un «ejemplo» de la fiel aplicación de la reforma de Santa Teresa de Ávila, cuyas disposiciones no permitían sobrepasar las 21 monjas en sus claustros; como señaló el obispo Manuel de Alday luego de inspeccionar los conventos santiaguinos en el siglo XVIII. Estuvieron ubicadas primero frente al cerro Santa Lucía, para trasladarse en 1942 a la calle Pedro de Valdivia en la comuna de Ñuñoa, donde residen actualmente. 

MONASTERIO DE DOMINICAS DE SANTA ROSA DE LIMA

El carisma de la terciaria dominica Isabel Flores de Oliva, más conocida como Santa Rosa de Lima (1586-1617), se proyectó también en el Reino de Chile. En 1680, bajo el obispado del dominico fray Bernardo Carrasco y Saavedra, a solo ocho años de la canonización de Rosa por el papa Clemente X y de su proclamación como Patrona de América; se inició en Santiago un beaterio formado por tres profesas del monasterio de Lima. En 1754, aprobada canónicamente su transformación en monasterio, las autoridades religiosas de la época consiguieron nuevamente un grupo de fundadoras procedentes de la Ciudad de los Reyes y, junto a ellas, nueve de las primeras beatas chilenas pasaron a ser monjas de clausura. El claustro quedó ubicado en la actual calle Amunátegui, conformado en principio, por 21 religiosas, cantidad que se amplió a 33 en 1761. Durante el siglo XX, se trasladó primero a la comuna de Providencia y luego a la de Las Condes, donde estuvieron instaladas hasta el cierre definitivo en 2017.

MONASTERIO DE CAPUCHINAS DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Fundado en Santiago en 1727 por iniciativa de doña Margarita Carrión Briones, estuvo conformado inicialmente por cinco monjas provenientes del monasterio de Toledo, en España. La fama de santidad y austeridad de las Hermanas Capuchinas, hizo que pronto más de 200 jóvenes ingresaran para formar parte de la comunidad. El monasterio estuvo ubicado primero en Morandé con Santa Rosa, y se trasladó a principios del siglo XX a la calle Carmen, en la comuna de Santiago. Allí habitan actualmente las hermanas capuchinas, continuando y haciendo presente el carisma de San Francisco y Santa Clara en nuestro país. Entre los productos dulces que hoy elaboran destacan sus alfajores, empolvados, el pan de pascua y el dulce de membrillo, galletas, tortas y chocolates de distintos tipos. 

MONASTERIO DEL CARMEN DE SAN RAFAEL

También llamado «Carmen Bajo», se erigió en Santiago en 1770 por iniciativa del corregidor Luis Manuel de Zañartu (1723-1782), quien consiguió aprobación real en julio de 1766. Entre las fundadoras se encontraban las dos hijas de Zañartu, Teresa y Dolores, además de siete religiosas del carmelo de San José. En sus comienzos estuvo ubicado en el barrio La Chimba (actual Independencia); desde aquí Tadea García de la Huerta compone su famoso Romance de la inundación que hizo el río Mapocho en el monasterio de las carmelitas de San Rafael el día 16 de junio de 1781, en versos octosílabos. Hoy está emplazado en la comuna de La Reina.